domingo 8 de noviembre de 2009

Verborrea

Había pedido un whiskey doble en las rocas. Me sentía soñada porque era el día de pago y con unos cuantos centavos en la bolsa me sentía dueña de toda la ciudad. Eso último fue mentira, en realidad me sentía dueña de aquella sucia cantina.
Ese día por la mañana Ana María me había llamado "repugnante", cuyos sinónimos eran: desagradable, asqueroso, repulsivo, hediondo, infecto, nauseabundo, inmundo, pútrido, mugriento.
Yo era esas nueve palabras y más.
La primera me describía.
La segunda era mía.
La tercera me agradaba.
La cuarta me recordaba a los domingos.
La quinta me era indiferente.
La sexta era como Ana María.
La septima me fascinaba.
La octava era como un limón.
La novena seguía siendo yo.
Había pedido uno doble y el cantinero incompetente desconocía el significado de la palabra "generosidad". Oye amigo, ¿podrías servirme un poco más? Yo todavía recordaba mis modales, esos que te enseñan los padres. Esa es la medida, contestó. Puedes meterte ésta medida y dos más por tu asqueroso culo, le dije por fin olvidando lo que verdaderamente jamás aprendí.
Y salí de ahí, sintiéndome dueña de la repugnancia.

martes 3 de noviembre de 2009

Cuerpo en caída libre.

Hoy por la mañana, mientras leía una crítica literaria relacionada con un viejo (de más de noventa) que ha tenido en su cama a más de quinientas mujeres, me preguntaba si yo sería estigmatizada por rebasar aquella cifra teniendo apenas veintidós.

El desayuno y la conversación empezaban. Yo comenzaba a constituir una especie de monólogo: soy completamente irracional, he ahí mi mayor desventaja de estar sobria. Debo admitir que la moral no funciona en mí, madre.

Mi madre seria, fumando, apenas articulando “indudablemente hija mía”. Y le daba otro sorbo.

Y mientras bebía ron, aquél que había sido albergado en mi cantina, pensaba (por difícil que parezca) en la palabra orgasmo. La gente lee sobre orgasmo porque quiere saber aunque sea una mierda, sobre cómo se describe cuando se toca el cielo. Descerebrados hijos de perra.

A decir verdad, no tengo ni puta idea de lo que mi madre habrá sentido al saber que su hija mayor (y por cierto la más cínica) era cómodamente bisexual.

Siempre escribes agrio hija, ¿por qué? Mi madre hacía muchas preguntas.

No escribo palabras de amor, soy lo más parecido al asco que puede existir. Respondí de forma casi inmediata.

No escribo porque los huesos se fracturan, tu cuerpo se posee, mi piel se quema. Y tú, tú lees una estúpida hazaña que escribí antes de arrojarme por la ventana.



sábado 17 de octubre de 2009

Hijo (respuesta de una madre)

Hijo:
Susana me ha marcado. Me ha dicho que si fuese veinte años menor se habría enamorado.
A decir verdad, me da un poco de lástima por ti.
No creo tardarme mucho, todo depende de mi apetito sexual.
Llego antes que lleguen tus hermanos, los ingenuos.
No me tardo, todo depende de tu padre el biológico, no el que te ha criado, ahhh eso no lo había confesado..

jueves 8 de octubre de 2009

Madre:



domingo 4 de octubre de 2009

Original.


Mi plan de vida es morirme a los veintidos.


Auténtico. Nunca había oido aquello.

sábado 26 de septiembre de 2009

El culo jodidamente helado.

Ellas platican mientras yo escribo.
Éste es mi lugar.
Calle dos, camino al sur.
Telégrafo.
Podría correr sin pies.
Y no estás ahí.
Gracias Gabriela amante de Cortázar.
Y el suelo virgen: mi cama (sicómono).
Me elevo.
Ni puta idea.
Me voy.
Nunca estuve.

miércoles 23 de septiembre de 2009

Ja.

Yo: nadie podría enamorarse de esa mujer.
Ella: claro que sí, él lo hizo, ¿qué crees que le haya visto?
Yo: el culo.

Ja, ja, ja.